Crítica de Gabor, una película de Sebastián Alfie

Cine

Esta película-documental de la cual os voy a hablar en las siguientes líneas titulada Gabor, concentra en sí misma esos pedazos de magia que la vida de vez en cuando nos regala, incluso cuando ésta se nos presenta del modo más irónico y cruel.

Crítica de Gabor

Cuando el bueno de Alfie se encarga de la realización de un corto para Ojos sin Fronteras, ni muchos menos se esperaba que en el transcurso de la pre-producción encontrara no solo a un gran equipo de trabajo, sino también a un gran compañero de viaje, Gabor. Durante la búsqueda del equipo para la realización del corto en cuestión, dan con un antiguo director de fotografía que alquila su equipo que ya no usa. Gabor anda retirado de la vida profesional de cineasta, no por gusto ni mucho menos, sino por una ceguera que irónicamente acaba con aquello que más necesita un director de fotografía, su vista. Es en este momento donde todo toma un orden inesperado, cuando Alfie comprueba que en tan enigmático director de fotografía se esconde mucho más de lo que se ve a simple vista y que incluso puede ser un gran pilar para la realización de un corto acerca de la ceguera.

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El viaje lleva a ambos a las localizaciones más inhóspitas de Bolivia, lugares donde ha de rodarse el pequeño cortometraje de tan solo tres minutos de duración. La clínica donde vive la esperanza de volver a llevar luz y color a los ojos enfermos, la panadería donde la ceguera va sometiendo a un panadero del lugar o el trayecto hacia la clínica, serán los momentos elegidos para llevar a la pantalla. Claro está, cada plano elegido será un momento decisivo en la amistad que surge con Gabor, en la forma de comprobar todo el talento que reside en él y de aprovecharlo incluso como director de fotografía del propio cortometraje.

Es durante la puesta en escena del story board cuando surgen las mayores complicaciones, y quizás el momento en que más de lado dejamos la ceguera de Gabor. Estos momentos no muestran y sacan a la luz el gran coraje y pasión de éste director de fotografía, su tozudez y su rectitud a la hora de elegir una buena disposición de los elementos de una sala, o la importancia de la luz que puede llegar a entrar por la ventana. Es sencillamente precioso ver a Gabor alzarse con cámara al hombro mientras nos muestra a una de las doctoras de la clínica.

Como uno más del equipo de rodaje, Gabor aporta sus ideas y su forma de entender el mensaje que se quiere transmitir con el propio corto. De hecho uno de los momentos más impresionantes de la cinta es cuando Alfie le comenta a Gabor su intención de acabar el cortometraje con un final feliz, y su pesar al encontrarse que no habrá final feliz posible, o al menos como él lo esperaba. Pero como bien dice este peculiar señor que vuelca su alma e inspiración en la fotografía de una película:

“La vida no te va a dar el final feliz que tú quieres”

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Gabor muestra que hay más final feliz que devolverle la vista a un ciego, saber vivir con dicho problema, hacerlo como un motor que impulsa a la persona a agudizar sus otros sentidos y tener a ese ser humano como un ser plenamente útil y feliz consigo mismo, es el más que probable final feliz que se puede mostrar.

Y en definitiva esto es lo que nos muestra el bueno de Sebastián Alfie en este documental tan lleno de pasión y sentimiento. Su relación con Gabor y la forma que tiene de aprender de él, dejando a un lado su situación para volver a sacar de él al director de fotografía que hay, es simplemente maravilloso.

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